Valencia nos sorprendió.
Por sus calles el visitante puede viajar seis siglos atrás y admirarse con espacios tan singulares como la Lonja de la seda. Pero también se puede trasladar a la arquitectura más moderna del siglo XXI en el museo de las artes y de las ciencias o sumegirse en cualquiera de los cinco Océanos en un viaje fascinante que comparte con miles de especies que flotan ingrávidas alrededor y por encima de él en el fabuloso Oceanográfico.
Vivir la vida y el bullicio de una gran ciudad y la paz y serenidad de sus playas.
Valencia sorprende y atrae y el viajero puede dejarse atrapar en un momento por el sonido y el color de sus calles, para instantes después, quedar hechizado por la puesta de sol de la Albufera donde el color, jugando con la luz, crea todo un espectáculo cromático en el que uno se siente sumergido en una irrealidad.
En Valencia, pasado, presente y futuro, se conjugan armoniosamente en una sinfonía de luz y color.
Dejamos Boadilla antes de comer tratando de evitar posibles aglomeraciones de salida.

Bastante entrada la noche decidimos dirigirnos al area de Turís, a 25 km de Valencia y unos 9 de la autovía. Se encuentra en la Carretera de Silla a Alborache en la CV-415 (39º23’22”N; 0º41’052”O), pero mejor referencia que las coordenadas es la gasolinera, ya que se encuentra junto a ella y si es de noche, el área no resulta muy visible. Está bien acondicionada y es tranquila aunque al estar cerca de la carretera, el tráfico constante es inevitable. Aunque estuvimos solos, la policía municipal nos dijo que ellos y la Guardia Civil patrullan la zona con frecuencia.


A la mañana nos dirigimos a la ciudad de
Valencia y visitarla antes de ir al área que teníamos señalada. Aparcamos en el aparcamiento de Ficoval, en la calle Filipinas, 32 (39º27’30”N;0º22’40”O) donde había un grupo de autocaravanas, y que está a 20 minutos de la plaza del Ayuntamiento a donde se llega prácticamente en línea recta por la plaza de toros junto a la bonita estación del tren, de principios del XX y cuya fachada presenta motivos vegetales como naranjas y flores de azahar.

Desde aquí desembocamos en un amplio espacio: la
plaza del ayuntamiento, luminosa y limpia en cuyo centro hay varios puestos de flores.


Y al fondo de esta plaza se dibuja la silueta del campanario de la catedral,
Micalet o Miguelete del XV, emblema para los valencianos y posiblemente lo más característico de la ciudad, llamada así por el nombre de la campana grande que toca todas las horas y que fue bendecida en día de San Miguel. Gótico valenciano, destruida en el siglo XVIII y hecha de nuevo en 1983..

Nos dirigimos hacia la
catedral, tambien en estilo gótico mediterráneo, aunque hay varios estilos como románico, gótico francés, renacimiento, barroco y neoclásico.En su interior destaca el cimborio, gótico francés, cuyas ventanas traslúcidas de alabastro, dotan de luz natural al crucero. Mientras uno visitaba su interior, el otro disfrutaba junto a Tula de los puestos de artesanos dispuestos a su entrada.


Detrás de la catedral y en una plazoleta, encontramos a la patrona de los valencianos,
Nuestra Señora de los Desamparados, del XVIII.


Y a la vuelta de ésta nos detuvimos un instante en la p
uerta de los apóstoles donde todos los jueves a las 12 horas se reune el tribunal de las aguas, reliquia de la administración de justicia sobre el derecho de aguas de la huerta valenciana y que hoy, pese a ser jueves, no se reunía al ser festivo.


De aquí, perdidos por sus calles y mezclados con gente que iba y venía, nos dirigimos a la
lonja de la seda o de los mercaderes, que encontramos frente al mercado central.

Obra maestra del gótico civil valenciano y patrimonio de la humanidad. Su construcción en el siglo XV y fue el resultado de la prosperidad comercial y símbolo de poder de la ciudad para atraer a comerciantes.

Con nuestra amiga peluda en brazos, accedimos a su interior. La sala más impresionante está a la entrada, la sala de contratación. Rectangular y sostenida por columnas helicoidales que se elevan 12 metros para terminar en unos finos haces de nervios que se distribuyen por el techo formando arcos, está inspirada en la lonja de Palma, aunque ésta es mayor y tiene mas ornamentación.

Por una bonita puerta entramos al patio de los naranjos y de aquí ascendemos por unas escaleras hasta la
cámara dorada con un techo gótico de madera policromada con centenares de piezas de carácter zodiacal, bélico, grotesco, quimérico, vegetal….


A la salida nos detenemos a contemplar algunas de las veintiocho gárgolas con escenas satíricas y eróticas que están por la fachada.

Bajamos a la sala del consulado del mar, de estilo renacentista, donde se celebraban sesiones sobre asuntos marítimos y mercantiles con un bonito techo madera.

Desde aquí regresamos al aparcamiento para dirigirnos al
area de autocaravanas la Marina, en el Camini del riu 556 en el Saler (39º23’14”N;0º19’56”O). Dos campings, uno en la glorieta, desorientan un poco, pero a escasos metros encontramos esta área, recibiéndonos Juanjo.



El sitio es tranquilo, a 150 metros de El Saler, con zonas comerciales y parada de autobús cercana y a unos 200 metros de la playa atravesando una zona de vegetación por la que circulan anchos y cómodos caminos para pasear andando o en bicicleta.



Hay una media docena de autocaravanas y cuando le comento que había conocido el área –nueva- a través de Condepa (Concha) del foro de acpasión, me dice que está allí mismo. Nueva casualidad ¡quien lo hubiera dicho! Y pudimos conocernos. No puedo ni deseo olvidar todos sus sabios consejos cuando adoptamos a nuestra peluda Tula tras la muerte de Mara. Sentí su sabiduría y todo su apoyo que mantuvo hasta que consideré que me “había hecho con ella”. Ahora la conocía y la podía transmitir parte de mi agradecimiento a través de un cálido abrazo.

Después de comer nos preparamos para hacer la visita al oceanográfico.

Tomanos un autobús amarillo que pasa cada hora y que en 15 minutos nos dejó en la misma puerta. Compramos la entrada conjunta para el oceanográfico y el museo de la ciencia. 26,65 euros, que es válida para otro día pero hay que decirlo. Se pueden adquirir las entradas separadas, pero son más caras (24,50 el oceanográfico + 7,70 en museo de las ciencias).

Un diseño arquitectónico innovador con una estética casi diría que exquisita, nos dan la bienvenida. Creado en el 2002, el oceanográfico contiene diferentes habitats marinos, ocupando 110.000m2 y conteniendo alrededor de 42 millones de litros de agua. Es el mayor acuario de Europa con más de 40.000 animales y 500 especies diferentes de peces, mamíferos, aves, reptiles e invertebrados.

El agua salada se bombea desde la playa de la Malvarrosa.

Comenzamos nuestra visita con unos pequeños pingüinos a los que están dando de comer para introducirnos en el edificio central de acceso y dirigirnos por las praderas de poseidonia hacia los mares templados y tropicales donde pudimos disfrutar de tanques independientes que contenían nautilos, caballitos de mar, dragones y medusas de una belleza espectacular.


Desde aquí parte un espectacular túnel de unos 70 metros de longitud que trata de simular un viaje desde el oceano atlántico hacia latitudes tropicales. Rodeados de distintas especies y fascinados por todo lo que nos rodea llegamos a la sala tropical con especies del indopacífico y el Caribe como el cangrejo cacerola, la morena verde, los alegres peces cirujanos amarillos o payasos


Nos acercamos a la exhibición de delfines y aquí me encontré con una gran sorpresa y es que nunca dejaremos de conocernos. Lejos de gustarme o dejarme indiferente, sentí una enorme tristeza al ver a estos animales atrapados a tan pocos metros del mar y de la libertad. Su belleza e inteligencia les había llevabo a perder su libertad y su vida quedaba limitada a hacer volteretas y cabriolas para diversión de esta nuestra especie llamada "racional" . Creo que será la última vez que vea un espectáculo así.

Y nuestra visita continuo por el Ártico y aquí la tristeza tampoco se separó de mi ya que observaba el solitario nado de una beluga que aburrida intentaba jugar con una pelota, o a una pareja de morsas que una y otra vez repetían el mismo movimiento. Parecían tener “medidos” los metros de su prisión para nadando hacia atrás no toparse nunca con los límites de ésta.

En nuestro viaje que nos tenía fascinados entramos en la zona de los Oceanos. Este es el acuario de mayores dimensiones del oceanográfico y uno de los mayores del mundo. Aquí se trata de simular un viaje desde la costa oeste del atlantico (Islas Canarias) hacia la costa este del continente Americano (Islas Bermudas).



Un tunel nos va introduciendo entre varias especies de tiburones que flotan ingrávidos por encima de nuestras cabezas. Se van cruzando por arriba y por los lados numerosas especies de peces haciendo también su aparición el impresionante pez angel que parecía observarnos desde su lento y parsimonioso nado que le hacia parecer quieto, suspendido.


Cayendo ya la noche, nos introdujimos en la jaula que representa los humedales donde están especies típicas de las tierras de mangle de aguas poco profundas localizadas en zonas tropicales y subtropicales como la espátula rosada o el ibis escarlata, y el marjal mediterráneo donde hay especies representativas del ecosistema litoral mediterráneo como el pato colorado junto con otras especies.



Terminamos nuestra visita en el Mediterráneo donde se muestra parte de la riqueza biológica del mar mediterráneo con siete acuarios de distintos formatos que contenían praderas de poseidonia con pepinos de mar, erizos, estrellas… o los puertos recreando un pantalán de madera junto con una barca hundida donde nadaban lubinas, pulpos y otras especies típicamente “nuestras”.


Cerca ya de las 19 horas decidimos iniciar el regreso. Estuvimos esperando un tiempo considerable en la parada justo frente al oceanográfico. Transcurrió de sobra el tiempo previsto y ningún autobús amarillo parecía venir. Sí lo hizo uno rojo y al preguntar, nos enviaron a la glorieta, a una parada junto al centro comercial Carrefour y mientras íbamos, pasó el amarillo. Ahora teníamos una hora de espera, por lo decidimos tomar un taxi que tras abonarle 13 euros nos dejó en la puerta del camping. Mala suerte.

Recogimos a nuestra amiga Tula y nos dimos un paseo nocturno y a la luz de la luna hacia la playa, a la que no llegamos pese a escuchar como las olas rompían cerca. Era tarde y estábamos cansados.

Noche tranquila y mañana espléndida. Fuimos directos al museo de la ciencia. De nuevo nos sorprende el espectacular diseño arquitectónico del conjunto.

Siguiendo algunos consejos intentamos conseguir entradas para la academia del espacio o para el teatro de electricidad pero no quedaban a una hora decente, así que decidimos comenzar nuestra visita por la planta tercera, en el bosque de cromosomas interaccionando con algunos de los 127 módulos que lo forman.

Después nos acercamos a “gravedad cero”, una sorprendente sala cúbica cubierta por múltiples espejos que proyectan imágenes reales del cosmos y de la Tierra vista desde el espacio.


Hicimos una rápida visita a la zona de Marvel superhéroes y nos detuvimos un poco más leyendo las curiosas copias de algunas lápidas famosas.


Cerca de las 13 horas decidimos bajar la planta segunda, aunque el cansancio ya había hecho mella en mí, sobre todo con mi rodilla mal, así que fue Angel solo el que disfrutó de la exposición de un siglo de premios nobel.

En la planta primera sí m
e animé a compartir una breve e interesante visita al “exploratorium” sala que reproduce algunos de los fenómenos naturales, tal como los percibimos, aportando la explicación de sus correspondientes principios científicos y donde Angel se animó a construir una arco que una vez levantado logró mantenerse en pie para regocijo de grandes y pequeños que se habían mantenido expectantes durante su construcción.

Descubrimos una incubadora de con numerosos huevos de
pollo en distintos estadíos y donde se podía observar sus esfuerzos por abandonar el cascarón, esfuerzo que los dejaba absolutamente agotados.

Tambien nos detuvimos en el curioso hormiguero de las hormigas Atta que cortan hojas que transportan a su hormiguero donde las usan para cultivan un hongo del que se alimentan. Es posible observar su trabajo y el recorrido subterráneo de algunas de sus galerías en las que se puede apreciar el cultivo del hongo. Tuvimos suerte y alguien nos ayudó a descubrir a la hormiga reina, de un considerable tamaño (casi 3 cm de longitud) y que puede llegar a vivir quince años.

De aquí nos desplazamos ya a la primera planta donde tras una fugaz visita nos detuvimos en el pendulo de Foucault, físico francés que a mediados del siglo XIX suspendió dentro del panteón de París un péndulo de 67 metros de largo del que colgaba una bala de cañon de 28 kilos demostrando que la tierra gira sobre su propio eje. El que está en este museo es uno de los más largos del mundo con una longitud de 34 metros, completando un ciclo de de giro completo en 34 horas.


Junto al péndulo se admirar la impresionante superficie acristalada del Museo, con más de 4.000 cristales, y las vistas al jardín del Turia, desde las terrazas exteriores.

Cansados, dejamos atrás el museo para dirigirnos a la parada del autobús, esta vez en la misma glorieta y junto al centro comercial Carrefour. Casi a su hora y en escasos veinte minutos estábamos de nuevo en el area a donde habían llegado más autocaravanas.

Después de comer y descansar un rato, dedicimos terminar el paseo que por la noche no pudimos concluir, acercándonos a la playa, aunque esta vez lo hicimos con la camper ya que después ibamos hacia el embarcadero de la Albufera.

Desde el pueblo p
arte una estrecha carretera que se interna hacia la playa para terminar en unos aparcamientos junto a un restaurante y varios caminos hechos de tablones de madera que transitan paralelos playa. Disfrutamos de un paseo por ella para acercarnos después a contemplar la puesta de sol de La Albufera de las que nos habían hablado maravillas.



A unos 3 o 4 kilómetros del pueblo, aparece un pequeño aparcamiento en la misma carretera para no más de una docena de vehículos, y que a unos cuarenta y cinco minutos del ocaso estaba ya bastante lleno. Nos acercamos a una barca y preguntamos por el precio de un paseo: 3 € por persona aunque de no animarse más gente sería más caro.Pero tras esperar un poco más se sumó un grupo de tres personas en cuya compañía disfrutamos de un delicioso paseo por esta laguna internándonos por uno de sus brazos en donde pudimos contemplar un numeroso grupo de ánades reales y patos colorados flotando tranquilamente sobre sus aguas.



El despegue de alguna garza real y el vuelo de algún grupo de cormoranes nos acompañó en algún momento. Cuando desembarcamos, en el muelle y en el aparcamientos varias personas contemplaban la puesta de sol, muchas de ellas “armadas” de sus correspondientes cámaras y trípodes y es que realmente es espectacular. La laguna se convierte en un espejo que refleja luces y colores jugando mágicamente con ellos. A un lado, las nasas, flotando colgadas sobre los palos y reflejadas en este inmenso espejo; de frente, los dos espigones del muelle que parecen querer internarse en la magia del momento …y al otro lado, la continuidad finita pero con el embrujo de los colores y tonalidades: grises, rosados, …y el silencio que lo inundaba todo. Pese a ser bastantes, la magia del momento consiguió atraparnos a todos y nos movíamos despacio y en silencio como si temiéramos romper el hechizo del lugar.



Al oscurecer regresamos al area donde cenamos y descansamos para preparar nuestra partida al día siguiente.

Mañana espectacular, decidimos darnos un paseo con Tula hasta la playa, disfrutando de un sol precioso y una mar tranquila.


Después, y tras despedirnos Concha y Pepe y de los responsable del area, a donde llegamos con clientes y de donde nos fuimos como amigos, iniciar nuestro regreso a casa prometiendo volver a un lugar que para nosotros reune muchos requisitos: tranquilidad, buena comunicación con la ciudad, playa, hermosos paseos y una atención cuidada y familiar, además de haber dejado pendiente disfrutar con más tranquilidad de la compañía de Concha y Paco y de alguna de sus famosas paellas.


Mª Angeles del Valle Blázquez
Enero de 2012